Romanos 8:14–16

El Espíritu da testimonio de que somos hijos y nos hace clamar «Abbá, Padre»

14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.

15Pues no recibieron un espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que recibieron un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: Abbá, Padre.

16El Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.

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En su contexto

12Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne;

13porque si viven conforme a la carne, han de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las prácticas del cuerpo, vivirán.

…

17Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con el Mesías, si es que sufrimos con él, para que también seamos glorificados con él.

18Porque considero que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de compararse con la gloria que ha de ser revelada en nosotros.

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Sus palabras en el original

El Espíritu Santo