Santiago 1:13–15

El deseo concibe, da a luz el pecado, y este engendra la muerte

13Que nadie, cuando sea tentado, diga: Soy tentado por Dios. Porque Dios no puede ser tentado por el mal, y él mismo no tienta a nadie.

14Sino que cada uno es tentado cuando es arrastrado y seducido por su propio deseo.

15Luego el deseo, después de concebir, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte.

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En su contexto

11Porque salió el sol con su calor abrasador y secó la hierba, y su flor se cayó, y la belleza de su aspecto pereció. Así también el rico se marchitará en sus andanzas.

12Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque cuando haya sido aprobado recibirá la corona de la vida que prometió a los que lo aman.

…

16No se engañen, hermanos míos amados.

17Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, y desciende del Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de variación.

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Sus palabras en el original

Tentación y pecado