Hebreos 9:11–14

Su sangre, a diferencia de la de los animales, limpia la conciencia

11Pero el Mesías, habiendo venido como sumo sacerdote de los bienes que han llegado, por medio de la tienda mayor y más perfecta, no hecha a mano, es decir, no de esta creación,

12y no por medio de sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santo, habiendo obtenido eterna redención.

13Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la becerra rociada sobre los contaminados, santifica para la purificación de la carne,

14¿cuánto más la sangre del Mesías, el cual por medio del Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para que rindamos culto al Dios vivo?

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En su contexto

9lo cual es un símbolo para el tiempo presente, según el cual se ofrecen ofrendas y sacrificios que no pueden perfeccionar en cuanto a la conciencia al que rinde culto,

10ya que consisten solo en comidas y bebidas y diversas inmersiones, ordenanzas de la carne impuestas hasta el tiempo de la reforma.

…

15Y por eso es mediador de un pacto nuevo, para que, habiendo intervenido muerte para redención de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

16Porque donde hay un pacto, es necesario que conste la muerte del que lo hizo.

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Sus palabras en el original

La cruz