Jesús

Versículos sobre la cruz

Cómo y por qué murió Jesús, anunciado y contado por los testigos

31 pasajes de 19 libros

Léelo en 7 díasUn pasaje al día de este tema, con una pregunta para pensarlo.

1Anunciada en los profetas

  • Isaac pregunta por el cordero; Abraham dice: «Elohim verá para sí el cordero»

    Isaac habló a Abraham su padre y dijo: «Padre mío». Él respondió: «Aquí estoy, hijo mío». Y dijo: «Aquí están el fuego y la leña; pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». Abraham respondió: «Elohim verá para sí el cordero para el holocausto, hijo mío». Y siguieron caminando los dos juntos.

    Génesis 22:7–8
  • La sangre del cordero en las puertas salva a Israel la noche de la Pascua

    El cordero será sin defecto, macho, de un año; lo tomarán de las ovejas o de las cabras. Lo guardarán hasta el día catorce de este mes, y toda la asamblea de la comunidad de Israel lo degollará al atardecer. Tomarán de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo coman. Aquella noche comerán la carne asada al fuego; la comerán con panes sin levadura y con hierbas amargas. No comerán nada de él crudo ni hervido en agua, sino asado al fuego, con su cabeza, sus patas y sus entrañas. No dejarán nada de él para la mañana; lo que sobre hasta la mañana lo quemarán en el fuego. Lo comerán así: ceñida la cintura, las sandalias en los pies y el bastón en la mano. Lo comerán de prisa: es la Pascua de YHWH. Aquella noche pasaré por la tierra de Egipto y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de personas como de animales; y ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo soy YHWH. La sangre les servirá de señal en las casas donde estén: veré la sangre y pasaré de largo sobre ustedes, y no habrá entre ustedes plaga destructora cuando yo hiera la tierra de Egipto.

    Éxodo 12:5–13
  • El día del perdón, los pecados del pueblo se ponen sobre un macho cabrío

    Aarón apoyará sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel y todas sus transgresiones, en todos sus pecados. Las pondrá sobre la cabeza del macho cabrío y lo enviará al desierto por mano de un hombre designado. El macho cabrío cargará sobre sí todas las iniquidades de ellos hacia una tierra apartada; y dejará ir al macho cabrío en el desierto.

    Levítico 16:21–22
  • David clama «¿por qué me has abandonado?», las mismas palabras que Jesús dice en la cruz

    Al director. Sobre La cierva de la aurora. Salmo de David. Mi El, mi El, ¿por qué me has abandonado? Lejos de mi salvación, las palabras de mi rugido. Elohim mío, llamo de día, y no respondes; y de noche, y no hay silencio para mí. Pero tú eres santo, que habitas las alabanzas de Israel.

    Salmos 22:1–3
  • El salmista dice que reparten sus ropas y echan suertes; Juan cita estas palabras en la cruz

    Cuento todos mis huesos; ellos miran, se fijan en mí. Reparten mis ropas entre ellos, y sobre mi vestido echan suertes. Pero tú, YHWH, no te alejes; fuerza mía, apresúrate a mi ayuda.

    Salmos 22:17–19
  • El siervo despreciado carga con nuestros dolores y enfermedades

    Despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y conocedor de la enfermedad; y como uno de quien se esconde el rostro, despreciado, y no lo estimamos. Ciertamente nuestras enfermedades él llevó, y nuestros dolores los cargó; y nosotros lo tuvimos por herido, golpeado por Elohim y afligido. Pero él fue traspasado por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; la corrección de nuestra paz estuvo sobre él, y por su herida fuimos sanados. Todos nosotros, como ovejas, nos extraviamos; cada uno a su camino nos volvimos; y YHWH hizo caer sobre él la iniquidad de todos nosotros.

    Isaías 53:3–6
  • Callado como cordero, es llevado a la muerte y ofrece su vida por muchos

    Fue maltratado, y él se humilló, y no abrió su boca; como cordero a la matanza es llevado, y como oveja ante sus esquiladores enmudece, y no abrió su boca. Por opresión y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la considerará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes; por la transgresión de mi pueblo, el golpe fue para él. Y pusieron con los malvados su sepultura, y con el rico, en su muerte, aunque no hizo violencia, ni hubo engaño en su boca. Y YHWH se complació en molerlo; lo hizo enfermar. Si pone su alma como ofrenda por la culpa, verá descendencia, prolongará días, y el deseo de YHWH prosperará en su mano. Por el sufrimiento de su alma verá y se saciará; por su conocimiento declarará justos el justo, mi siervo, a los muchos, y las iniquidades de ellos él cargará. Por eso le daré parte con los muchos, y con los fuertes repartirá el botín; porque derramó hasta la muerte su alma, y con los transgresores fue contado; y él llevó el pecado de muchos, y por los transgresores intercede.

    Isaías 53:7–12
  • Dios dice: «mirarán a mí, a quien traspasaron»; Juan cita este texto junto a la cruz

    Y derramaré sobre la casa de David y sobre el habitante de Jerusalén un espíritu de favor y de súplicas; y mirarán a mí, a quien traspasaron; y harán lamento por él como el lamento por el único, y se amargarán por él como se amarga uno por el primogénito.

    Zacarías 12:10

2Lo que pasó

  • En Getsemaní, angustiado, Jesús ora: que se haga la voluntad del Padre

    Entonces Jesús llega con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dice a los discípulos: «Siéntense aquí, mientras voy allí a orar». Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dice: «Mi alma está profundamente triste, hasta la muerte; quédense aquí y velen conmigo». Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no como yo quiero, sino como tú quieres». Y viene a los discípulos y los encuentra durmiendo, y dice a Pedro: «¿Así que no pudieron velar conmigo una hora? Velen y oren, para que no entren en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil». De nuevo, por segunda vez, se fue y oró, diciendo: «Padre mío, si esto no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad». Y volviendo otra vez, los encontró durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue otra vez y oró por tercera vez, diciendo de nuevo las mismas palabras. Entonces viene a los discípulos y les dice: «¿Siguen durmiendo y descansando? Miren, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levántense, vamos; miren, se ha acercado el que me entrega».

    Mateo 26:36–46
  • Judas lo entrega con un beso entre gente armada con espadas y palos

    Y mientras él todavía hablaba, mira, llegó Judas, uno de los doce, y con él una gran multitud con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y de los ancianos del pueblo. Y el que lo entregaba les había dado una señal, diciendo: «Al que yo bese, ese es; préndanlo». Y enseguida, acercándose a Jesús, dijo: «Saludos, Rabí», y lo besó. Pero Jesús le dijo: «Amigo, haz aquello a lo que has venido». Entonces, acercándose, echaron mano a Jesús y lo prendieron.

    Mateo 26:47–50
  • La multitud grita «Sea crucificado»; Pilato pregunta qué mal hizo, se lava las manos y cede

    Pero los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes para que pidieran a Barrabás e hicieran morir a Jesús. Y el gobernador, respondiendo, les dijo: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?». Y ellos dijeron: «A Barrabás». Pilato les dice: «¿Qué haré, pues, con Jesús, el llamado Mesías?». Todos dicen: «Sea crucificado». Y él dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban aún más, diciendo: «Sea crucificado». Y viendo Pilato que nada conseguía, sino que más bien se formaba un alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Soy inocente de esta sangre; ustedes verán». Y respondiendo todo el pueblo, dijo: «Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos». Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que fuera crucificado.

    Mateo 27:20–26
  • Los soldados se burlan de él con una corona de espinas y un manto de púrpura

    Y los soldados lo llevaron adentro del patio, que es el pretorio, y reúnen a toda la cohorte. Y lo visten de púrpura, y le ponen una corona de espinas que habían trenzado. Y comenzaron a saludarlo: «Saludos, rey de los judíos». Y le golpeaban la cabeza con una caña, y le escupían, y doblando las rodillas, se postraban ante él. Y después de burlarse de él, le quitaron la púrpura y le pusieron su propia ropa. Y lo sacan para crucificarlo.

    Marcos 15:16–20
  • Ya crucificado, pide perdón para quienes lo hacen

    Y cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, lo crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y repartiéndose sus vestidos, echaron suertes.

    Lucas 23:33–34
  • A uno de los malhechores a su lado le promete estar con él ese día

    Y uno de los malhechores que estaban colgados blasfemaba contra él, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro, respondiendo, lo reprendía, diciendo: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando bajo la misma condena? Y nosotros, en verdad, justamente, porque recibimos lo que merecen nuestros hechos; pero este no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». Y le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

    Lucas 23:39–43
  • Carga su propia cruz hasta el Gólgota, donde lo crucifican entre dos más

    y, cargando él mismo la cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, que en hebreo se llama Gólgota; donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Y Pilato escribió también un letrero y lo puso sobre la cruz; y estaba escrito: «Jesús el nazareno, el rey de los judíos». Muchos de los judíos, pues, leyeron este letrero, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad; y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Los sumos sacerdotes de los judíos decían, pues, a Pilato: «No escribas: El rey de los judíos, sino: Él dijo: Soy rey de los judíos». Pilato respondió: «Lo que he escrito, he escrito». Entonces los soldados, cuando crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro partes, una parte para cada soldado; y tomaron también la túnica. Y la túnica era sin costura, tejida toda de arriba abajo. Entonces se dijeron unos a otros: «No la rompamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será». Para que se cumpliera la Escritura que dice: Se repartieron entre ellos mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Esto, pues, hicieron los soldados. Y junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María la de Clopás, y María Magdalena. Jesús, pues, al ver a su madre, y al discípulo al que amaba que estaba allí, dice a su madre: «Mujer, mira a tu hijo». Después dice al discípulo: «Mira a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo se había cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed».

    Juan 19:17–28
  • Oscuridad al mediodía, su clamor a Dios y el velo del santuario que se rasga

    Y desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: «Elí, Elí, ¿lemá sabajtaní?», esto es: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Y algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: «Este llama a Elías». Y enseguida uno de ellos corrió y tomó una esponja, la llenó de vinagre y, poniéndola en una caña, le daba de beber. Pero los demás decían: «Deja, veamos si viene Elías a salvarlo». Y Jesús, clamando otra vez a gran voz, entregó el espíritu. Y mira, el velo del santuario se rasgó de arriba abajo en dos; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y los sepulcros se abrieron, y muchos cuerpos de los santos que habían dormido resucitaron; y saliendo de los sepulcros, después de su resurrección, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. Y el centurión y los que con él custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que habían sucedido, tuvieron mucho miedo, diciendo: «Verdaderamente este era Hijo de Dios».

    Mateo 27:45–54
  • Un soldado le abre el costado, y Juan ve cumplirse lo escrito

    Entonces los judíos, como era la preparación, para que los cuerpos no quedaran en la cruz el shabat —porque aquel shabat era un día grande—, rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas al primero, y también al otro que había sido crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas; sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y enseguida salió sangre y agua. Y el que lo vio ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que también ustedes crean. Porque esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso. Y además otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

    Juan 19:31–37
  • José de Arimatea pide el cuerpo y lo sepulta en su propia tumba

    Y cuando llegó la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se lo dieran. Y José, tomando el cuerpo, lo envolvió en una sábana de lino limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había excavado en la roca; y haciendo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

    Mateo 27:57–61

3Por qué murió

  • Murió por quienes aún eran débiles: así muestra Dios su amor

    Porque, siendo nosotros todavía débiles, el Mesías, a su tiempo, murió por los impíos. Porque apenas morirá alguno por un justo; aunque quizá por el bueno alguno se atreva incluso a morir. Pero Dios muestra su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, el Mesías murió por nosotros. Mucho más, pues, habiendo sido ahora declarados justos en su sangre, seremos salvados por medio de él de la ira. Porque si, siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por medio de la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvados por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesús el Mesías, por medio de quien ahora hemos recibido la reconciliación.

    Romanos 5:6–11
  • El amor no es que nosotros amáramos, sino que Dios envió a su Hijo

    En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios envió a su Hijo único al mundo, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo como expiación por nuestros pecados.

    1 Juan 4:9–10
  • Dios, en el Mesías, reconcilia consigo al mundo sin tomar en cuenta sus faltas

    Porque el amor del Mesías nos apremia, habiendo concluido esto: que uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y fue levantado por ellos. De manera que nosotros, de aquí en adelante, a nadie conocemos según la carne; y aunque hayamos conocido al Mesías según la carne, pero ahora ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en el Mesías, es una nueva creación; lo viejo pasó; miren, ha llegado lo nuevo. Y todo esto proviene de Dios, el cual nos reconcilió consigo mismo por medio del Mesías, y nos dio el servicio de la reconciliación; a saber, que Dios estaba en el Mesías reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta sus faltas, y poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Así que somos embajadores en nombre del Mesías, como si Dios exhortara por medio de nosotros; les rogamos en nombre del Mesías: Reconcíliense con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

    2 Corintios 5:14–21
  • Todos fallaron, y Dios presenta a Jesús como la vía para ser declarados justos

    por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo declarados justos gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en el Mesías Jesús, a quien Dios presentó como cubierta de expiación por medio de la fe, en su sangre, para mostrar su justicia, por haber pasado por alto los pecados cometidos antes, en la tolerancia de Dios; para mostrar su justicia en el tiempo presente, a fin de que él sea justo, y el que declara justo al que es de la fe en Jesús.

    Romanos 3:23–26
  • El Mesías nos rescató de la maldición de la ley haciéndose maldición por nosotros

    El Mesías nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros —porque está escrito: Maldito todo el que es colgado de un madero—,

    Gálatas 3:13
  • Su sangre, a diferencia de la de los animales, limpia la conciencia

    Pero el Mesías, habiendo venido como sumo sacerdote de los bienes que han llegado, por medio de la tienda mayor y más perfecta, no hecha a mano, es decir, no de esta creación, y no por medio de sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la becerra rociada sobre los contaminados, santifica para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre del Mesías, el cual por medio del Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para que rindamos culto al Dios vivo?

    Hebreos 9:11–14
  • Pedro dice que cargó nuestros pecados en el madero y que por sus heridas fuimos sanados

    Pues para esto fueron llamados, porque también el Mesías sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo, para que sigan sus pisadas. Él no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca. Cuando lo insultaban, no respondía con insultos; cuando sufría, no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga con justicia. Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Por su herida ustedes fueron sanados. Porque ustedes eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al Pastor y Supervisor de sus almas.

    1 Pedro 2:21–25

4Lo que significa para nosotros

  • Pablo: crucificado con el Mesías, ya no vive él, sino el Mesías en él

    Porque yo por medio de la ley morí a la ley, a fin de vivir para Dios. Con el Mesías he sido crucificado; y ya no vivo yo, sino que el Mesías vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

    Gálatas 2:19–20
  • Unidos a su muerte, nuestra vieja manera de vivir queda atrás

    ¿O ignoran que todos los que fuimos sumergidos en el Mesías Jesús fuimos sumergidos en su muerte? Así que fuimos sepultados con él por medio de la inmersión en la muerte, para que, así como el Mesías fue levantado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si hemos llegado a estar unidos con la semejanza de su muerte, ciertamente también lo seremos con la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado fuera anulado, a fin de que ya no sirvamos como esclavos al pecado;

    Romanos 6:3–6
  • Se borra el acta de deuda que teníamos en contra, clavada en la cruz

    Y a ustedes, estando muertos en sus faltas y en la incircuncisión de su carne, les dio vida juntamente con él, perdonándonos todas las faltas, borrando el acta de deuda que había contra nosotros, con sus decretos, que nos era contraria; y la quitó de en medio, clavándola en la cruz. Despojando a los principados y a las autoridades, los exhibió públicamente, llevándolos en triunfo en ella.

    Colosenses 2:13–15
  • La cruz derriba el muro que separaba a unos pueblos de otros

    Pero ahora, en el Mesías Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre del Mesías. Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, y derribó el muro divisorio de la separación, la enemistad, en su carne, anulando la ley de los mandamientos expresados en decretos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo hombre nuevo, haciendo la paz, y reconciliar a ambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la cruz, matando en ella la enemistad.

    Efesios 2:13–16
  • Una sola ofrenda, hecha una vez, nos hace santos para siempre

    En esa voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesús el Mesías, hecha una vez para siempre. Y todo sacerdote está de pie día tras día sirviendo y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero este, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la derecha de Dios, esperando de ahí en adelante hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. Porque con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que son santificados.

    Hebreos 10:10–14
  • Para unos la cruz es locura; para quienes se salvan, poder de Dios

    Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es poder de Dios. Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el polemista de este siglo? ¿No ha entontecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por medio de la sabiduría, agradó a Dios salvar a los que creen por medio de la necedad de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros proclamamos al Mesías crucificado, para los judíos escándalo, y para las naciones necedad; pero para los llamados, tanto judíos como griegos, el Mesías es poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque lo necio de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

    1 Corintios 1:18–25

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