Génesis 37:23–28

José es echado a una cisterna por sus propios hermanos y vendido

23Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron la túnica, la túnica larga que llevaba puesta,

24lo tomaron y lo echaron en la cisterna. La cisterna estaba vacía; no había agua en ella.

25Luego se sentaron a comer. Al alzar los ojos, vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, con sus camellos cargados de goma aromática, bálsamo y ládano, que llevaban a Egipto.

26Entonces Judá dijo a sus hermanos: «¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y encubrir su sangre?

27Vengan, vendámoslo a los ismaelitas, y no le pongamos la mano encima, porque es nuestro hermano, nuestra propia carne». Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.

28Pasaron unos madianitas, mercaderes, y sacaron a José, subiéndolo de la cisterna, y vendieron a José a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.

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En su contexto

21Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos y dijo: «No le quitemos la vida».

22Y añadió Rubén: «No derramen sangre. Échenlo en esta cisterna que está en el desierto, pero no le pongan la mano encima». Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre.

…

29Rubén volvió a la cisterna, y al ver que José no estaba en ella, rasgó sus vestidos.

30Volvió a sus hermanos y dijo: «El niño no está. Y yo, ¿a dónde iré?».

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Sus palabras en el original

Soledad