Éxodo 32:9–14

Ante el becerro de oro, Dios se enciende y Moisés intercede por el pueblo

9YHWH dijo además a Moisés: «He visto a este pueblo, y es un pueblo terco.

10Ahora, pues, déjame; que se encienda mi ira contra ellos y los consuma, y de ti haré una gran nación».

11Entonces Moisés suplicó ante YHWH su Elohim y dijo: «¿Por qué, YHWH, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?

12¿Por qué han de decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para matarlos en los montes y acabarlos de sobre la faz del suelo”? Vuélvete del ardor de tu ira y cambia de parecer sobre el mal contra tu pueblo.

13Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, tus siervos, a quienes juraste por ti mismo y les dijiste: “Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de la que hablé la daré a su descendencia, y la heredarán para siempre”».

14Y YHWH cambió de parecer sobre el mal que había dicho que haría a su pueblo.

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En su contexto

7YHWH habló a Moisés: «Anda, baja, porque se ha corrompido tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto.

8Pronto se han apartado del camino que les mandé. Se han hecho un becerro de fundición, se han postrado ante él, le han ofrecido sacrificios y han dicho: “Estos son tus dioses, Israel, que te sacaron de la tierra de Egipto”».

…

15Moisés dio la vuelta y bajó del monte con las dos tablas del testimonio en la mano, tablas escritas por ambos lados; por una cara y por la otra estaban escritas.

16Las tablas eran obra de Elohim, y la escritura era escritura de Elohim, grabada sobre las tablas.

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Sus palabras en el original

Santidad y justicia de Dios