Salvación y vida nueva

Versículos sobre fe

Confiar en Dios y en Jesús, con historias de quienes lo hicieron y de quienes dudaron.

31 pasajes de 17 libros

Léelo en 7 díasUn pasaje al día de este tema, con una pregunta para pensarlo.

1Qué es la fe

2Ejemplos de fe

  • Abraham salió sin saber a dónde iba

    Por la fe Abraham, al ser llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, viviendo en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

    Hebreos 11:8–10
  • Abraham se levanta muy de mañana a obedecer la prueba más dura

    Después de estas cosas, Elohim puso a prueba a Abraham. Le dijo: «Abraham». Y él respondió: «Aquí estoy». Y dijo: «Toma a tu hijo, tu único, al que amas, a Isaac; vete a la tierra de Moriá y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré». Abraham se levantó muy de mañana, ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus muchachos y a Isaac su hijo, partió leña para el holocausto y se puso en camino hacia el lugar que Elohim le había dicho.

    Génesis 22:1–3
  • David enfrenta al gigante con el nombre de Dios por arma

    David dijo al filisteo: «Tú vienes a mí con espada, con lanza y con jabalina; pero yo vengo a ti en el nombre de YHWH Tsevaot, el Elohim de las líneas de batalla de Israel, a quien has afrentado. Este día YHWH te entregará en mi mano; te golpearé y quitaré tu cabeza de sobre ti, y daré este día los cadáveres del campamento de los filisteos a las aves del cielo y a los animales de la tierra; y toda la tierra sabrá que Israel tiene Elohim. Y toda esta asamblea sabrá que no con espada ni con lanza salva YHWH; porque de YHWH es la guerra, y él los entregará en nuestra mano».

    1 Samuel 17:45–47
  • Tres jóvenes confían en Dios, «y si no», también

    Respondieron Sadrac, Mesac y Abed-nego y dijeron al rey Nabucodonosor: «No necesitamos nosotros responderte sobre este asunto. Si es así, nuestro Elah, a quien nosotros servimos, puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sea sabido por ti, oh rey, que a tus dioses no servimos, y a la imagen de oro que levantaste no nos inclinaremos».

    Daniel 3:16–18
  • Un centurión confía en la palabra de Jesús y lo asombra

    Y cuando entró en Capernaúm, se le acercó un centurión, rogándole y diciendo: «Señor, mi siervo está postrado en casa, paralítico, terriblemente atormentado». Y le dice: «Yo iré y lo sanaré». Y respondiendo el centurión, dijo: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; sino solamente di una palabra, y mi siervo será curado. Porque también yo soy un hombre bajo autoridad, que tiene soldados bajo mis órdenes; y digo a este: Ve, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi esclavo: Haz esto, y lo hace». Y al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que lo seguían: «En verdad les digo que en nadie en Israel he hallado tanta fe.

    Mateo 8:5–10
  • Una mujer enferma toca el manto de Jesús y queda sana

    Y una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y de nada le había servido, sino que había ido a peor, al oír hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud y tocó su manto; porque decía: «Si toco aunque sea su ropa, seré sanada». Y enseguida se secó la fuente de su sangre, y sintió en el cuerpo que estaba curada de su dolencia. Y enseguida Jesús, dándose cuenta en sí mismo del poder que había salido de él, se volvió en medio de la multitud y decía: «¿Quién me tocó la ropa?». Y sus discípulos le decían: «Ves la multitud apretujándote, y dices: “¿Quién me tocó?”». Y miraba alrededor para ver a la que había hecho esto. Entonces la mujer, con miedo y temblando, sabiendo lo que le había sucedido, vino y cayó delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: «Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz, y queda sana de tu dolencia».

    Marcos 5:25–34
  • Una madre cananea no se rinde ante el silencio de Jesús

    Y saliendo Jesús de allí, se retiró a la región de Tiro y Sidón. Y mira, una mujer cananea, salida de aquel territorio, gritaba, diciendo: «Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David; mi hija está terriblemente endemoniada». Pero él no le respondió palabra. Y acercándose sus discípulos, le rogaban, diciendo: «Despídela, porque grita detrás de nosotros». Y él, respondiendo, dijo: «No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Pero ella vino y se postró ante él, diciendo: «Señor, ayúdame». Y él, respondiendo, dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos». Y ella dijo: «Sí, Señor; porque también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: «¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres». Y su hija fue curada desde aquella hora.

    Mateo 15:21–28

3Creer en Jesús

4Fe que se ve en lo que haces

5Cuando cuesta creer

  • Un padre: «Creo; ayuda mi incredulidad»

    Y Jesús le dijo: «Eso de “si puedes”: todo es posible para el que cree». Enseguida el padre del muchacho, gritando, decía: «Creo; ayuda mi incredulidad».

    Marcos 9:23–24
  • Tomás quiere ver antes de creer, y Jesús vuelve por él

    Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos, pues, le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les dijo: «Si no veo en sus manos la marca de los clavos, y meto mi dedo en la marca de los clavos, y meto mi mano en su costado, de ningún modo creeré». Y ocho días después, estaban otra vez dentro sus discípulos, y Tomás con ellos. Llega Jesús, estando cerradas las puertas, y se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes». Luego dice a Tomás: «Trae tu dedo aquí, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Tomás respondió y le dijo: «Señor mío y Dios mío». Jesús le dice: «Porque me has visto, has creído. Dichosos los que no vieron y creyeron».

    Juan 20:24–29
  • Pedro camina sobre el agua y se hunde al mirar el viento

    Y respondiéndole Pedro, dijo: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas». Y él dijo: «Ven». Y bajando de la barca, Pedro anduvo sobre las aguas y fue hacia Jesús. Pero al ver el viento fuerte, tuvo miedo, y comenzando a hundirse, gritó, diciendo: «Señor, sálvame». Y enseguida Jesús, extendiendo la mano, lo agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».

    Mateo 14:28–31
  • Los apóstoles piden: «Auméntanos la fe»

    Y los apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». Y el Señor dijo: «Si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a esta morera: Desarráigate y plántate en el mar, y les obedecería.

    Lucas 17:5–6
  • Aunque no haya cosecha, el profeta se alegra en Dios

    Aunque la higuera no florezca, y no haya producto en las vides; mienta la obra del olivo, y los sembrados no den alimento; sean cortadas del aprisco las ovejas, y no haya vacas en los establos, pero yo en YHWH exultaré; me regocijaré en el Elohim de mi salvación. YHWH Adonai es mi fuerza, y pone mis pies como los de las ciervas, y sobre mis lugares altos me hace andar. Al director. Con mis instrumentos de cuerda.

    Habacuc 3:17–19
  • Jesús invita a tener fe en Dios al orar

    Y respondiendo Jesús, les dice: «Tengan fe en Dios. En verdad les digo que cualquiera que diga a este monte: Quítate y échate al mar, y no dude en su corazón, sino que crea que lo que dice sucede, le será hecho. Por eso les digo: todo cuanto oren y pidan, crean que lo han recibido, y será para ustedes.

    Marcos 11:22–24
  • Con el corazón desfallecido, el salmista se aferra a Dios

    ¿A quién tengo yo en los cielos? Y, estando contigo, nada deseo en la tierra. Se consumen mi cuerpo y mi corazón; la roca de mi corazón y mi porción es Elohim para siempre.

    Salmos 73:25–26

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